JOAN RIERA. RIERA.DIARIODEMALLORCA@EPI.ES Uno
de los mejores cargos a los que se podía aspirar durante el franquismo era el de exministro. Ya sabe, ninguna responsabilidad, un sueldo para toda la vida y algún consejo de administración para redondear la bicoca. La democracia buscó otras canonjías para los políticos de baja estofa. Asesores que se limitan a emitir algún informe verbal, porque puestos sobre papel quedaría constancia de su incompetencia. Contratos, solo para compañeros de partido y amiguetes, que requieren el titánico esfuerzo de copiar estudios de internet (preferentemente de El rincón del vago). Adjudicaciones de servicios a precio de canari jove a cambio de una más o menos discreta comisión.
Los inconvenientes de las prebendas actuales saltan a la vista. Las de los tiempos de Franco se extinguieron años después de que el dictador muriera en una cama de forma nada plácida, torturado por su familia y sus médicos. Las de hoy en día finiquitan cada vez que se produce una alternancia de partidos en el poder e incluso tras una batalla entre facciones de una misma formación política.
En estos momento de crisis no queda otro remedio que buscar nuevos nichos de mercado, como dirían los economistas. La cosa está complicada porque hay mucha competencia. Además, algunas de las ubres se han secado.
¿Cuáles son los chollos políticos de 2012? Sin duda los relacionados con la cultura. Son gestores de departamentos cuyo trabajo tiende al cero, sin que se tenga constancia de que su salario se precipite por la misma pendiente.
Vayamos por partes. Fernando Gilet, concejal de Cultura de Palma encantado de haberse conocido, explicaba el pasado 5 de julio su visión sobre las responsabilidades que asumía: "Nuestro reto es reactivar la economía y el turismo, que es la principal industria a encauzar. Y la cultura tiene un carácter fundamental para los visitantes y también para el beneficio de nuestros residentes".
¿Existe mejor forma de conseguirlo que reduciendo un 30% el presupuesto y dejando bajo mínimos las actividades de las salas públicas de exposiciones?
De Rafel Bosch, el conseller de Educación –y también Cultura–, no hablaremos porque con Madó Pereta al frente de la política teatral ya ha cumplido. Sí conviene repasar la implacable labor desarrollada por Joan Rotger, en el Consell de Mallorca. Después de tomar posesión de su cargo tenía las cosas muy claras: "Los gastos que no son prescindibles son los que hacen referencia a la promoción de nuestra cultura. En tiempos de crisis la cultura también ha de tener un lugar destacado". En lógica coherencia –la redundancia es intencionada– con esta declaración de principios ha suprimido de un plumazo todas las convocatorias de apoyo a actividades culturales. El procedimiento era público, con jurado evaluador y con controles posteriores cada vez más estrictos por temor a jueces y fiscales. Un sistema peligroso. Por eso solo han dejado las ayudas directas, como la que se dio a la Fira de Teatre de Manacor después de que Antoni Pastor pusiera cara de enfado. Siempre quedará el dedazo para estas ocasiones.
Pero quien ha sublimado las nuevas tendencias en política cultural ha sido la gerente del Teatre Principal, Margalida Moner: "Tendríamos que haber cerrado el Principal como Spanair: de un día para otro". Y pensaba, "mientras yo sigo cobrando"
Moner aspiraba a ser de forma súbita gerente de un teatro de Nada. Fernando Gilet y Joan Rotger están en camino de ser concejal y conseller, respectivamente, de Nada. Tendremos directores generales de Nada y jefes de servicio de Nada, además de funcionarios adscritos al departamento de Nada.
El PP se comprometía en su programa para las elecciones generales a lograr que la Cultura supusiera el 10% del Producto Interior Bruto español. Que no cuente con sus correligionarios de Balears para lograrlo. Tendrán que actuar como siempre: llenando de millones el Prado y el Teatro Real. Los de provincias nos fastidiaremos. También como siempre.
http://www.diariodemallorca.es/mallorca/2012/02/05/conseller-o-concejal/741973.html

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